01 agosto, 2011

Conociendo a mi hijo. Las diferencias temperamentales y su impacto en la crianza.


Imaginemos que vamos al primer evento social de nuestro hijo, un primer cumpleaños de un amiguito.  Cuando llegamos a la fiesta nuestro hijo se aferra a nosotros, no quiere estar solo aunque lo alentemos a jugar con los globos y con los otros niños, se muestra asustado y prácticamente no quiere ni mirar.  En comparación con los otros niños de la fiesta las diferencias son evidentes, pero, ¿a que se debe esta diferencia?, ¿qué hace que unos niños sean más activos o mas sociables que otros?  La respuesta está en el temperamento, este se refiere a las diferencias individuales con base genética y por tanto relativamente estables en el tiempo, que determinan en el bebé el estilo de demostrar el afecto, el nivel de actividad y de atención, y por tanto tiene una clara influencia  en su forma de relacionarse con los otros.

Hay niños más flexibles que se adaptan más fácilmente, tienen ritmos regulares de alimentación  y sueño,  y en el otro extremo, están los niños que son más irritables, que  necesitan más tiempo para adaptarse a las rutinas, personas y lugares, y son mas irregulares en las funciones biológicas. Entre estos dos extremos se encuentran los niños más cautelosos, que en una situación nueva se adaptan con lentitud y muestran respuestas negativas pero no muy intensas.

Las características propias de cada hijo y  como uno lo percibe, van a resultar en una relación particular. El no considerar estas características particulares y por ejemplo criar  a todos los hijos igual y sin considerar las diferencias temperamentales, implica crear riesgos perjudiciales para la relación y la salud de tu hijo.

Algunas consecuencias
  • Sensación de incompetencia por parte  del cuidador.
  • Oscilación en la forma de cuidar al niño.
  • Explicación negativa sobre los comportamientos del niño.
  • Afecta su autoestima
  • Aprendizaje de estrategias de autorregulación poco adaptativas (pegarse, cabecearse)
Por esto se hace necesario que los padres seamos flexibles para entender y respetar los sentimientos del niño, entendiendo sus ritmos y tiempos particulares para adaptarse a cada tarea y a  cada lugar. Entender por ejemplo las sensibilidades a estímulos  como a ruidos, texturas, luz. Por ejemplo, hay bebés que no soportan que los bañen, la idea es buscar alternativas entendiendo su malestar, y no interpretar que lo hace de mañoso o de pesado ya que al tener esa actitud no entregamos  el apoyo y guía que necesitan  para poder regular su estado emocional.

Carolina González E.
Psicóloga


Fuente.
Carranza J., (2003). El temperamento en la Infancia.
Ascanio L., Pollak D. Cols. (2011). Programa de Intervención para el Fomento del Apego y la Parentalidad Positiva: A.M.A.R.-Terapéutico.

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